Saturday, December 03, 2005

Efecto

En la gigantesca noche,
alguien encontró un trozo de cielo.
Azul, pálido, limpio.
Estaba feliz con su pedazo de universo.
Lo recogió y noto que existía un lazo,
que unía una estrella con su tesoro.
Quiso seguir la suave línea,
tomó alientos y escaló.
Subió rápido durante mucho tiempo,
y se perdió.
Se perdió tu rostro en mi cabeza.

Friday, December 02, 2005

Amigo:

Dime porqué me siento entre tanta gente,
dime porqué la quiero tanto…

Dime si es que sus ojos me tienen embrujado,
dime si estoy perdido entre las estrellas que juntos contamos…

Dime que su amor me pertenece,
dime que es mía su sonrisa…

Dímelo amigo,
dímelo porque me muero.

Dímelo porque mi corazón no es el mismo sin ella, porque me duele tanto que no podré soportar su silencio.

Me muero sin ella así como muere mi adolescencia,
me pierdo sin ella así como perdí mis ganas de vivir.

Por favor, dímelo…

Juan Diego

Thursday, December 01, 2005

La ventana

De pronto, asomada a una ventana casi transparente mi escrutadora mirada descubre una singular presencia. Si hay algo que pueda hacerme daño, me gustaría saber qué es. Pero el cristal pálido atenúa con su vívida sombra cualquier grácil esperanza. En el cielo, las fieles seguidoras, que las llamaron nubes, dibujan a su paso las figuras más extrañas y mi caprichosa e insaciable mente abstrae formas desdibujando las impresiones que éstas causan en mí. Después, comienzo a encajar trozos. Partes de mí, de las nubes, que coloco sin estar segura en el borde de la sombra que aún sigue presente a través de la ventana. Respiro profundo y digo una o dos palabras, sí, creo que dos palabras. Lo más probable es ilógico. Esa primera figura que las pupilas me intentan mostrar no parece en forma alguna un ser terrenal. No es humano, ni está vivo, y mis pensamientos trabajan en descubrir alguna relación entre él y yo, rescatan un recuerdo y no consiguen aclararme la visión. De repente, poco a poco, empieza a desvanecerse el extraño ser, y con mis hambrientas manos rasguño el cristal que me impide seguir mi impulso, intento aferrarme desesperadamente a alguna migaja, de seguir un rastro, pero las lágrimas que bordean mis párpados crean otra ventana, otra, intangible, y contra mi voluntad, sin atender ruegos ni súplicas, se oponen a que yo conserve esa presencia. Más tarde, no pude recordarla.

Ni siquiera logré plasmar en algún resquicio de mi cerebro un poco de ella. Duré toda la noche persiguiendo ese resbaladizo instante, que se escurrió de mis manos y de mi voz. Ni siquiera lo alcanzó mi respiración. La agitación comenzaba a producir efectos contradictorios, casi paralelos y punzantes. Surgen en mí muchas ideas y comienzo a preguntarme de qué estoy hecha, como buscando a un responsable, y sabiendo que ese responsable soy yo inevitablemente.

Lo más valioso es lo que aún me niego a admitir. Me asaltan las dudas como si fueran aves que regresan a su nido cuando la hermosa noche comienza a caer en este mundo poblado de tanta oscuridad. Entonces intento dilucidar un poco mi entendimiento. Creo que las palabras no pueden estructurar de ninguna manera mis ideas amorfas. Se precipitan en mi anatomía intentando llenar los espacios más vedados para que yo y estas manos se restrinjan de involucrar vanamente trozos olvidados de una existencia.

Si alguien preguntara en este momento algo de mí, como siempre, acudiría al lenguaje ordinario para organizar una explicación entendible. Debo aceptar que se me hace difícil escribir ideas bellas con palabras exiguas. Aún así, trato de idear un mecanismo que me permita colocar un puente entre mi mundo exterior y mi universo interior.

Procurando vencer mis miedos, me asomo nuevamente por la ventana. Esta vez camino despacio al dirigirme hacia ella, como si deseara prolongar un duelo utilizando al tiempo como rehén. Cuando estoy a punto de continuar el camino, repentinamente algo me toca. Giro rápidamente, pero no hay nadie, ni nada. Estoy completamente segura de haber sentido débil una caricia accidental. Por mi mente, la sombra que había vislumbrado por primera vez parece adimensional.

Un terror silencioso comienza a invadirme. Siento como camina abriéndose paso entre un bosque que extrañamente no produce sombras ni sonidos, y escucho próximo a mí ese persistente y hermoso horror. Mi vista aún no lo percibe. Es tan escurridizo, tan absurdo y tan dueño de su camino. Es difícil creer que no puede sumergirse más de lo que parece. Un inefable temor se apodera de mis venas y llega hasta mi corazón. Y ese miedo es profundo y prolongado. Escucho un sonido maravilloso que sin embargo es casi imperceptible. Giro otra vez, suavemente, dando la espalda a la ventana, y me encuentro cara a cara con ese terror, que saca de mis entrañas un grito cavernoso que no suena, porque se rinde a los pies de esa figura, se abaja ante su excelsa majestuosidad. En un lacónico susurro, observo con sorpresa los ojos más hipnóticos que nunca había visto, están frente a mí, y no parpadean; a la vez, como si me enredaran en su trampa, no puedo cerrar mis asustados ojos; con espanto, se acerca a mí y yo estoy pasmada sintiendo como en algún hueco el alma que me pertenece observa atónita lo que ocurre. Cuando la distancia se ha reducido al límite en el cual no hay distracciones, comienza a desvanecerse de mí el sobresalto y se convierte en un sentimiento fraternal, y no lo entiendo. En ese oscuro semblante noto un gesto de inexplicable confusión, da la impresión de sentirse contrariado, aunque no sé si el terror pueda sentir. Parece que deseara hablar, quizá preguntarme por mi repentino cambio de parecer, y yo, aún sin entenderlo, le sonrío.

Así, sin acabar de sorprenderse, el miedo antes sentido pasa como una mirada, de mí a él, y presa del pánico se procura alejarse corriendo, yo observo con calma y con paciencia su única salida antes de tocarlo. Al contacto de mi mano firme, el temor se ve obligado a permanecer y poco a poco su agitación va desapareciendo hasta quedar únicamente un espanto dormido. Sé que mi mano no puede describir lo que he tocado, también sé que yo debo cumplir con esa tarea.

La presencia que ayer me tentó a seguirla está en este momento frente a mí, y no se me ocurre nada para decirle. No tiene rostro ni cuerpo, pero siento una calidez inexplicable, encuentro en ese momento una magia desconcertante donde cualquier palabra sería bella. Cualquier actitud se tornaría hermosa, y me decido casi mecánicamente a mirar a través de la ventana. Todo lo que ocurrió fue tan extraordinario. Me impulsó a abrir mi alma, y a ver con mis verdaderos ojos. Aclaro mi nublado instinto porque al fin entiendo que asomada a una ventana puedo volver a verte.

Monday, November 28, 2005

El cisne y los 58 ojos

No me queda el aroma de tus labios. Se ha opacado, extraviado. Ya no siento algunos pasos despiertos sobre mi columna, ni caminan en mi mente tus movimientos de inocencia mentida. Resuenan las palmas de los árboles vigilantes, que con el talante frío de tu cálida voz producen intensos dolores en mi piel. Heredé de algún antepasado olvidado, la veneración hermosa a la violencia absoluta. No recuerdo esas palabras tristes que pronunció el ángel arbóreo cuando se deshizo de mí. No logro recordarlas. Te digo entonces que no me queda ni siquiera el aroma de tus labios.

Sunday, November 27, 2005

Tonalidades

Se está acabando mi vida. Veo con los ojos entrecerrados como se escapan algunos instantes remotos que quiero conservar. Observo la tinta de la pluma, que desaparece y deja una huella transitoria que se visualiza sólo a través de unos pasos. Escucho los latidos de sus labios junto a mi cerebro doliente. Tengo sed de sonidos majestuosos, de aves de palmeras. Tengo la idea de surgir entre la sombra, alineando sus reacciones como si estuviese tallando el marfil opaco de un misterioso piano.

Tuesday, November 22, 2005

Your deface

I can't despise you before all of this time
so, you could shelter the past,
although I think you'd keep obstructed,
between the invisible lines you'd be all alone

Why are you making me feel so quiet?
don't you know that it is dangerous?
do you ignore the obvious truth?
when you wake up, I won't be with you
you can steal the life of this beverage,
so you can live the permanent life
but then

I fall over your feet
and then I see the sad reality
in a special conversation
it's a simple dream, it never comes true
my blood is drenched with silence
and my veins can't undo the time

If my demons continue learning from my life,
the example will find its own language
and it will capture their attention,
I could captivate your intentions

You might understand that I can't touch the fire
I only can play with its consequences
I just wanna convert its purity in my powerful arm
I only can devour the destruction and the dust
I just want you to know I'm a vampire
but don't be afraid because you're only a man,
not an angel, not the pain, not my perfect dead

The darkest night you've appeared in the sky

If someone could know me I'd surely give him all of this
I'd drown his heart with wicked fragrances and dark colors
you know it's true, you know I'm on oath
you know this is my style, my selfish fingerprint

Monday, November 21, 2005

The greatest thing you've ever learned is just to love and being loved one more time.

Brian Molko

Saturday, November 19, 2005

Jean-Nicolas-Arthur Rimbaud


No es bueno interpretar a los poetas porque, al hacerlo, dejan de ser poetas, siendo su lengua no necesariamente abstrusa pero siempre ambigua.

Arthur Rimbaud

"...Habrá esos poetas cuando sea rota la infinita servidumbre de la mujer, cuando ella viva para ella y por ella, el hombre -hasta ahora abominable-, habiéndole dado licencia, ella será poeta, también ella. ¡La mujer encontrará lo desconocido! ¿Sus mundos de ideas diferirán de los nuestros? Ella encontrará cosas extrañas, insondables, repulsivas, deliciosas; nosotros las tomaremos, las comprenderemos".

Arthur Rimbaud
Fragmento de la carta dirigida a Delahaye

Saturday, November 12, 2005

La otra parte de mí


Resbalan trozos desencajando las puntillas. Eso impide una adecuada descripción del espíritu despiadado de tus brazos. Te gusta herirte con sonrisas de su rostro y con huellas de sus pies. Solamente un sonido se mantiene latente en el fondo de este abismo herbal. Me miras y te detienes. Ya no quieres hablar. Entonces, ¿por qué no te escondes de mis ojos? ¿Por qué emanas ese angelical dolor a través de los poros de mi piel? No te escondas. Te lo suplico, permanece a mi lado un tiempo más, lléname de la solemne ambigüedad de tantos lugares que has visitado. Muéstrame tu sonrisa, la verdadera. En la profunda naturaleza de siete jardines no vas a descubrir el misterio. Es sólo una pared. Hay tanta maldad brotando por este maléfico aire que requiero materializar mi yo verdadero. Ya no deseo verte. Escúchame: no lo anhelo. Has cambiado el objeto de mis súplicas, has calmado mis intentos constantes de asesinar espejismos. Me has dado un motivo sin quitarme el aliento. ¿Qué palabras servirían para clamar por tu necesaria presencia? ¡Cual gélido corazón he opacado tus angustias! Llórame. Quiero llorarte con tantas ganas. Necesito que sientas la importancia de mis gestos en tu memoria. ¿Cómo averiguo si existe una superficie que pueda sostenerme? ¿Cómo sé que llegué al fondo? El signo de mi cofradía está ahora en un lugar visible. Logré sacarlo del talud, lo rescaté de mi subconsciente. Soñé que eras polvo. Que yo te hacía migajas de cenizas. Soñé que eliminaba tu corpórea presencia de este lugar. Alma mía.

Thursday, November 10, 2005

Hrf

Dime, ¿por qué me miras de esa forma? Sigues con un temblor enredado entre tus labios y tus cejas. Creí que verte serviría para opacar el dolor, pero no es así. Crece lenta y despiadadamente en mi interior. Tengo tanto miedo de perderte sin haberte tenido nunca. Si aceptaras tu destino, verdugo mío, se doblarían las espinas del odio que crece en tu interior para dar paso a las tiranas frases de tu enemiga.