Sunday, May 14, 2006

Desahogo

Verdaderamente esperaba sentirme mejor. Arriesgarme. No sentirme señalada por miserables vendedores de libertad. Quería decir mi nombre, el verdadero, y mostrar mi rostro, sin consumir vida. Pensaba en ese instante, incierto, preciso, hastiado. Tocaba continuamente mi cuello, para no advertir que me faltaba el aire cada vez que avanzaba. El corazón comenzó a entonar una melodía insondable, sorda. A cada nota, le asignaba un grado de dolor, o de sufrimiento, no lo sé. En el hoyo donde mis sentimientos habitan, se inició una lucha. Contra mí misma.

Siempre he tenido que engañarme, para evitar herir a las personas que amo. Mi método consiste en convencerme de que las odio. No a todas. Solamente a las que amo menos cada vez que son apacibles conmigo. Existen verdades discutibles, pero no fervientes. Las palomas siguieron su camino, volando por el cielo lleno de lágrimas que cubría mi torpe andar, que me abrigaba. Por fin, llegué. Se agitaba en mi interior un espíritu enloquecido, frenético, completamente furibundo.

He cuidado que mi mirada no diga lo que ocurre, así que la oscura esperanza no pudo molestarme. Rápidamente, comprendí el significado de tus frases disfrazadas, de tus saludos deliciosos, de tu naturaleza admirable. Supe el porqué me había dirigido hacia tu jaula, para encerrarme con tiburones o mariposas. Me encontré rodeada de agujas, que franqueaban mi mente cada vez que un segundo transcurría. Me dí cuenta que esa tarde, iba a entregar algo más que una sonrisa. Yo iba a mostrar un mundo sin luz, con mis sombras.

Iba a aceptar que te amo.

(Acompañamiento:
The Smashing Pumpkins - Crestfallen)


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No sé qué ocurrió ayer, pero el gesto de tus ojos que me escrutaban con tanta insistencia y tanta profundidad volvió a estremecer mi piel. No sé qué habría ocurrido si te hubiera hablado con palabras y no con directas miradas. Quizá, lo más probable, hubiera sido romper tu dulce corazón con una suave despedida, que me desgarra el corazón cada vez que se aproxima. Y empiezo a pensar en el día que vuelvo a tenerte cerca. Y ese día, nuevamente tiemblo ante tu presencia y no eres ajeno al sentimiento. Hoy saliste presuroso y enojado con todos por no dejarte a solas, mientras yo me quedaba atrás, ocultando la tristeza porque sé que no me es permitido amarte. Y no quiero despedirme de ti otra vez.

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