Monday, March 27, 2006

Prodigio

Anoche creí verte. Pensé que estabas ahí porque sentía frío y tenía miedo. No veía tu cabello en llamas. Sólo escuchaba el latir torpe de un corazón. Del tuyo, quizá. Comenzaron a sonar murmullos lentos, que intentaban comerse todo a mi alrededor, ensordecer el espacio. Caminabas ebrio, entre ciegos vestidos de colores pastel, con alas escarlata y zapatos transparentes. Antes, yo ya había transitado por ese camino. Tú llevabas una caja en tus manos. Era un regalo. Para mí. Me traías sus restos, los de esa imagen que durante un tiempo trastornó mi malicia, me hizo pensar en sus intenciones y en sus ideales. Estaban intactos, aunque no pude tocarlos. Estuve todo el tiempo preguntándome acerca de lo que ya dejaba de ser obvio. Quería arañar cada retazo de su cuerpo, para ayudarte a extinguirla, a olvidarla. No lo conseguí. Tú deseabas más que nada seguir llevando entre tus manos la culpa y la venganza, no te desprendías de su delirio insano y helado. Giraba alrededor de cada paso tuyo, otro espectro, un duende, parecido en su esencia a esas criaturas sin forma que asustaban tu rostro angelical cuando dormías tranquilo en los días de tu infancia. Requerías correr entre sombras para enmudecer mis voces, tan variadas como los colores que tiene en septiembre el lejano mar.

(Acompañamiento:
Placebo - Running up that hill (Kate Bush cover))


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